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DE REPENTE EL ÚLTIMO VERANO

 

 

 

 

 

Realizar un film basado en una obra teatral de Tennessee no es labor fácil, cuando en la mayoría de los rodajes el autor siempre está presente. Los ojos de Tennessee Williams no son lentes, son dardos que en muchas ocasiones, como en ésta película, estuvo a punto de tirarle un jarrón a Khatarine Hepburn, porque no conseguía trasladar el personaje lo que el autor quería dar a entender escribiendo sobre su personaje. Se comenta que a Joseph L. Mankiewicz le escupió en la cara al terminar una secuencia, y si no llega a interceder Monty y Elizabeth, nadie puede imaginar que hubiera sido de esta magnifica obra maestra del cine clásico como es DE REPENTE EL ULTIMO VERANO. A Tennessee había que admitirlo con sus neuras, sus depresiones, borracheras y tacos incluidos. Y eso es comprensible, era el padre de la criatura, sabía positivamente la importancia de adaptar una obra suya a la gran pantalla y su enorme repercusión a nivel internacional, lo quería todo perfecto, y ya conocemos la famosa frase: NADIE ES PERFECTO.

RE REPENTE EN ULTIMO VERANO, se basa principalmente en un logro de la medicina, como es la lobotomía, consistente en un alarde quirúrgico que, básicamente quitaba o destruía parte de la corteza frontal del cerebro para desconectar al tálamo del frente del cerebro. Ese es su origen y los duendes interpretativos danzan alrededor de ella como piezas huidizas, sabiendo que ya la percepción de las cosas, la memoria y su pasado dejarían de existir en la mente del enfermo. Gran tema, enorme tratamiento literario y cinematográfico como para que alguien con al capacidad de Mankiewicz se atreviera a adaptarlo. La intuición del maestro estaba muy por encima del resto, él sabía positivamente que era un film muy de diálogos, de personajes que nunca aparecen y que son un eje fundamental en la historia. Se reunió del mejor equipo y una vez mas, como años después  le sucedería al igual que CLEOPATRA, al finalizarla cayó enfermo.

Reunir en una película a Kathy, Liz y Monty, dirigidos por Mankiewicz, sobre textos de Tennesse Williams, es todo un alarde de primer orden, es una garantía que nunca puede defraudar, que nos dá pié a que sin haber comenzado su proyección, presintamos de antemano que sobre un blanco y negro trágico, nos vamos a tropezar con algo grande, casi maestro, o si me lo permitís, una oferta única. No me sentí defraudado, ni me lo siento hoy en día, cuando la he vuelto a ver, y van..... DE REPENTE EL ULTIMO VERANO, es pura sangre literaria, en donde Tennesse extrayendo de sus propias experiencias personales y familiares, nos dibuja un cuadro tenebroso, humano y fiel de los interiores, a veces ocultos del ser humano. Es un cine que ya no se hace, es mas fácil caer en el espectáculo, en los efectos colosales, en aventuras del espacio con presupuestos millonarios, que también tienen su sitio preferente en el cine del siglo XXI, pero que de ninguna de las maneras puede compararse a este estado íntimo, nuestro y que a todos nos toca de alguna forma, porque los que somos mitómanos de nacimiento, no podemos despreciar el trío interpretativo, diálogos magníficos en un escenario limitado y ver como nuestros ídolos de siempre, cumplen brillantemente su papel, es algo que sobrepasa lo natural. Quiero romper una lanza a favor de una actriz que para mi fué victima de su propio rostro angelical, en sus primeras aportaciones al cine, la consideraron solo como una perfecta belleza...nada mas. Elizabeth, mi inolvidable CLEOPATRA, mi Maggie de armas tomar en LA GATA SOBRE EL TEJADO DE ZINC, ha sabido hacernos olvidar aquella belleza, para entrar de puntillas en unos personajes cuidadosamente elegidos, como este de Catherine y como lo fué su portentosa recreación de Martha en ¿QUIEN TEME A VIRGINIA WOOLF?. En este film de Mankiewicz, director que supo extraer de CLEOPATRA, lo mejor que he visto en mis largos años de amante de cine, una verosimilitud tan creíble, que sentimos como el alma se nos apacigua en las secuencias finales de la película, mas bella que nunca, mas segura y con la esperanza de comenzar a caminar al lado del cirujano Cukrowicz, esos senderos que la conducirán irremediablemente a su Manderley particular. 

Tennessee Williams vuelve a sacudir a las encerradas clases conservadoras de su época con una de sus mejores obras, en la que también participó el novelista Gore Vidal en forma de guión cinematográfico para que Joseph L. Mankiewicz se encargara de inmortalizarlo en el cine. Las secuencias en el jardín, como si fuera un Edén privado e inspirador al olvido de los grandes traumas de la vida, o la terrible anécdota en la isla quedaron impresas en la retina de muchos espectadores como un golpe a lo que se prevé como un tremendo melodrama psicológico con cierto toque de romanticismo. Se trata de una de las obras más radicales del autor sureño y, como tal, su adaptación a la pantalla grande necesitó de actores de moda en aquel momento como Elizabeth Taylor, Montgomery Clift y la ya veterana Katharine Hepburn; un soberbio triángulo de intérpretes entregados totalmente a sus personajes. Mankiewicz, gran director que supo llevar grandes obras teatrales al cine, realizó una obra maestra y un clásico inolvidable.

 

La historia empieza en el asilo estatal de Lions View, donde el eminente cirujano Cukrowicz, tiene que soportar las caóticas condiciones de las instalaciones que albergan a un millar de enfermos mentales. Cuando recibe la oferta de la señora Violet Venable, una viuda multimillonaria obsesionada con la muerte de su hijo Sebastian, para realizar unas reformas en la institución a cambio de que lobotomize a su sobrina Catherine, que pasó el verano anterior con el hijo de la millonaria antes de morir en extrañas circunstancias pero que no aclaran exactamente si fue o no un ataque al corazón. El Doctor Cukrowicz empieza a plantearse serias dudas sobre el estado de cordura de Catherine y la drástica decisión que ha emprendido la señora Violet. Se trata de la investigación que una madre encarga a un médico, especialista en lobotomía: (operación en el cerebro por la cual se elimina, en casos extremos, la sensación de angustia), sobre la muerte de su hijo. Prodigiosamente, el personaje clave del film es ese hijo que nunca aparece físicamente, solo en un flash-back final, pero que toda la película está construida en base a él pues tanto la paranoica madre como la angustiada prima están obsesionadas y en cierto modo enamoradas de él. Dotada de un guión preciso y resaltando su estructura un tanto misteriosa, estamos ante un melodrama recio y rotundo, un film absorbente y desasosegante, que analiza y trata temas como la Locura, la Angustia o el Canibalismo sin rozar la más leve escabrosidad y llegando al más absoluto esclarecimiento, en un "tour de force" interpretativo impresionante, con un idóneo y maravilloso Clift, una imponente Hepburn y una soberbia Liz Taylor. Los secundarios cierran el círculo en idénticas condiciones... Para mí tiene memorables secuencias, como la que nos presenta por primera vez el jardín botánico, un ejemplo sublime de cine hablado, interpretado y realizado.

Una indiscutible obra maestra de Mankiewicz, fruto de la fusión de dos talentos plenamente emparejados. De una parte Tennessee Williams y su airado universo novelesco: las frustraciones, lo turbulento, lo reflexivo, lo amargo de las pasiones y los sentimientos humanos. De otra parte el genial Mankiewicz y su puesta en escena de sesgo teatral, encauzada como un desembozado policíaco, porque la investigación de Clift es como si se tratara de una investigación policial, cuando asistimos a un brutal, denso y tenso melodrama. Por una vez, Mankiewicz no escribió el guión y lo dejó en manos del propio padre de la criatura, en colaboración con Gore Vidal.
 

  

Rose Williams sufre una esquizofrenia paranoide. Sus padres deciden someterla a una lobotomía tras el fracaso de los fármacos. El resultado es tremendo. Rose deja de ser violenta, sus ataques desaparecen, la calma vuelve a existir en la familia Williams: Rose queda idiotizada para el resto de su vida. Rose tiene un hermano alcohólico, homosexual y dramaturgo que siempre se mantuvo cercano a su hermana y se opuso a la operación quirúrgica que sus padres consintieron. Tras intentar que todo el mundo entendiera la enfermedad de su hermana con la obra UN TRANVÍA LLAMADO DESEO, Tennessee Williams escribe SUDDENLY, LAST SUMMER, donde carga de manera directa contra esta práctica quirúrgica que en EEUU se puso de moda inutilizando a un número indeterminado de pacientes. Todas estas vivencias de Tennessee le pusieron frente a sus folios, a su vieja maquina de escribir y envuelto entre el olor de alcohol, tabaco y sexo, saco a la luz uno de sus mayores denuncias jamás contada.

Dos mujeres tiene la culpa de que podamos disfrutar de manera malsana en esta película sórdida y áspera: la supuesta enferma mental Catherine Holly y la madre con síndrome de Electra, Violet Venable y el neurocirujano Cukrowicz, no es más que un intermediario para que ambas mujeres nos arrastren al mundo de Sebastian. Sentimos agobio nada más entrar al jardín de Sebastian, el hijo fallecido de Violet en el último verano, y no hay atisbo de duda de que nada agradable nos espera mientras gozamos del film. Dos personajes, quizá junto con el doctor los únicos en apariencia sanos mentalmente, la madre de Catherine y su hermano son retratados con una dureza descomunal, que plasmando de manera despiadada es la propia familia del dramaturgo al permitir la operación de su hermana Rose.
 


DE REPENTE EL ULTIMO VERANO, es toda una lección de cine, y en los minutos finales, donde un flashbacks rompe la película en mil pedazos. Y es que, hasta ese momento, el guión de Williams, había conseguido verter toda la información del pasado sin recurrir por ello a los flashbacks, consiguiendo una cinta con un tono completamente asfixiante. Sus últimos minutos todo se vuelve evidente y la forzada declaración de Catherine quita misterio y terror al personaje desconocido: Sebastian. Como en su anterior adaptación a la gran pantalla LA GATA SOBRE EL TEJADO DE ZINC, la película no trata abiertamente la homosexualidad, aún así, Williams supo como hablar claramente de un tema, del que no se quería hablar en aquellos años.

Los monólogos de Khatarine Hepburn, disertando sobre la crueldad de la vida y del hombre retratado como simple mortal para divertimento de ese megalómano personaje, nunca aparecido en la película pero presente a lo largo de toda la historia, como es su hijo Sebastian, acompañados de su aristocrática figura y de su anoréxica expresión de locura, vuelve a ratificar que estamos ante la mejor intérprete del siglo XX. Elizabeth Taylor, soberbia, rompe a la primera sin ningún tipo de complejo ni amilanamiento. Montgomery Clift, entretanto observa y nos deja bañarnos con el magnetismo de sus ojos. Hay un cuarto personaje, Sebastian. No aparece. Su madre y su prima hablan sobre él. Bastan 10 minutos al comienzo, para sentir la mayor animadversión que se pueda contraer hacia alguien que ni siquiera da la cara. Hepburn consigue lo mas extraño: por cada halago que le dedica a Sebastian, encuentras una lacra más en el carácter del hijo extraño; ojos azules, narcisista, amoral, libertino... Dadivoso, palabras de su madre, cuando en realidad es vanidoso e indiferente a todo sufrimiento humano. La versión que Elizabeth hace de él, choca frontalmente con la de Hepburn. Taylor retrata a su primo como un ser hambriento de hombres, alimentándose a base de píldoras y ensaladas:

-"Habla de ellos como de los platos de un menú: este es apetitoso; ese otro delicioso..."-

La madre menciona su virtud y castidad; la otra su homosexualidad y depravación. Por eso la segunda está loca; la moralidad de la época no tolera una mente lasciva. ¿Cuál dice la verdad? La verdad está en el fondo de un pozo sin fondo... El cometido de Clift, neurocirujano chantajeado por la mecenas interesada en desterrar la verdad de la mente trastornada de su sobrina, es llegar a ese fondo. Llegar al fondo del fondo es la única forma que encuentra para curar a la chica. Pero la lobotomía es su primera opción:

-"¿Sabes qué es eso?, ¡un agujero en el cráneo, mamá!"- implora Liz-

Quiero destacar que para mi lo mas sobresaliente de la película es el duelo a muerte entre Khatarine Hepburn y Elizabeth Taylor, sobre todo en la escena en la que se encaran en el hospital, sencillamente sobrecogedor y por supuesto el relato final de Liz, insuperable y conmovedora sobre lo que ocurrió, en aquel último verano. Clift, simboliza la razón y la medicina y así es utilizado en esta película; siempre penetra como una sombra para dar la réplica a las dos grandes actrices y no dejarlas hablando solas. Historia cruel, sostenida a base de maravillosos monólogos y dos interpretaciones insuperables. Notable obra maestra con una escenografía puramente teatral y ritmo también, que la convierte por momentos en una pieza clásica, imprescindible y fiel a una obra de teatro de carácter psiquiátrico.

El atormentado espíritu creativo del dramaturgo Tennessee Williams se alza una vez más en una perturbadora odisea hacia la cara más tétrica de la compleja y eternamente enigmática esencia humana. Otra vez nos envuelve en su pesimismo brutal y en su incursión despiadada en busca del reino de oscuridad que acecha tras la fachada. Nos encontramos ante un drama eterno e imposible de abarcar por entero. Tanta es la tiniebla que esconde, tantos desvíos y túneles que conducen a un aterrador vacío, que probablemente no seremos capaces de llegar jamás hasta el final, si es que lo hay. Porque yo estoy convencido de que no lo hay.


Al igual que el alma no se puede medir, ni palpar, ni se conocen sus límites, Mankiewickz, inmortalizando en la pantalla grande este revulsivo, dejó para las generaciones venideras un trozo de universo humano que no posee fronteras, ni es susceptible de poder ser analizado en su totalidad. A través de una extraordinaria, como de costumbre, Katharine Hepburn, declamando perla tras perla de una tortuosa filosofía cuyos innumerables matices permanecerán vigentes, inclasificables e inexplorables para la posteridad; a través de un soberbio Montgomery Clift en su receptivo y comedido papel catártico; a través de una turbadora y angustiosa Elizabeth Taylor, cuya capacidad interpretativa tenía parangón con su belleza, y eso es decir mucho... A través de esos maravillosos actores que dieron de sí todos los complejos registros que sus papeles requerían, dirigidos por un inmejorable Mankiewickz, las tripas se me encogen, volviendo a revivir este retorcido descenso al infierno.
El guión decapita de plano las apariencias, la respetabilidad, la doble moral y el rostro de decoro y decencia de la sociedad "civilizada". Destroza la máscara para bucear con audacia en el verdadero fondo. Con la metáfora de las aves devoradoras de las crías de tortuga, con las alusiones a la crueldad de la naturaleza y a las primitivas e instintivas inclinaciones del ser humano, con el afloramiento de las obsesiones más ruines, todo asomo de evolución y avance de la humanidad hacia la racionalidad, los elevados ideales y los valores, resulta pulverizada de un mazazo. Williams, y Mankiewickz con la colaboración de Gore Vidal, destapan valientemente la otra cara, la que da miedo mirar. La que está ahí, en el subsuelo, sin que muchos nos percatemos la mayor parte del tiempo. Puede que la locura sea una reacción desorbitada de autoprotección ante cosas cuya visión no podemos soportar, ni admitir.


El eje central es la LOBOTOMÍA, uno de esos inventos inhumanos de algunos científicos de mentes privilegiadas, o de formas infernales que nacen en laboratorios asexuados, donde el hedor a orines les impide dar rienda suelta a posibles soluciones medicinales y que desgraciadamente hizo furor como omnipotente avance científico, poniéndolo de moda ciertos nombres de neurocirujanos, que por decencia no voy a nombrar, por las décadas de los años 30, 40 y 50, del siglo XX, sobre todo en EE.UU. Con ninguna base científica y después de decenas de miles de lobotomías realizadas, comenzaron a darse cuenta que el cerebro humano es un área muy delicada y que andar rebuscando, zurciendo en su interior con instrumentales médicos, dejaba a los pacientes idiotizados para el resto de sus días, amén de relegados a conejillos de indias o monos de laboratorio.
 

Así pues el film, o mejor dicho el autor de la novela y el guión, Tennessee Williams, que sufrió en las entrañas de un familiar, esa barbaridad médica o forma de tratar la enfermedad mental llamada "lobotomía", es decir, toda clase de cirugías en los lóbulos frontales del cerebro en las que se abría un agujero en el cráneo y a través del mismo con instrumental médico se procedía a cortar o destruir algunas vías nerviosas y ello con el fin de curar la locura, sirve como una denuncia crítica contra esa práctica o canallada médica.

Pero dejando aparte este descalabro medico americano, el film ofrece muchos temas a reflexionar, como por ejemplo lo que esconden algunos de sus diálogos:



"La vida de un poeta es su trabajo; el trabajo de un poeta es su vida."

"La naturaleza es cruel, no está creada a la imagen de hombre compasivo... ¡Claro que Dios es cruel!. Los dinosaurios eran vegetarianos, demasiado amables para su tamaño, y entonces las criaturas carnívoras, los devoradores de carne, los asesinos heredaron la Tierra, pero siempre ha sido así."

"Quizás el amor sea algo así como utilizar a las personas, y quizás el odio sea el no utilizarlas."



A mi me impresionó particularmente la secuencia en la cual Elizabeth Taylor, entra por descuido en una galería saturada de locos, todos ellos hombres, y éstos se centran al unísono en ella cual jauría de hienas relamiéndose de gusto ante una gacelilla inofensiva al alcance de sus necesidades compulsivas. Y también como contrapunto, ver a Liz también como sale de un baño en el mar y corre hasta la arena en la que se arrodilla, con el bañador húmedo, transparentándose sus senos.

 

 

El texto es puro deleite, fuerte, poético, atormentado y sólido, una de las muchas obras teatrales de Tennessee Williams que se han trasladado al cine, colaborando para ello, como en otras ocasiones el propio autor, bajo la batuta de un director sobradamente consagrado. Todo esto unido a un reparto de grandes intérpretes y a una magnífica dirección artística que recrea con esmero los decorados e interiores de la institución mental y de la mansión, dejaban muy poco margen para el fracaso, en contra de lo que vaticinaron algunas plumas siniestras que estaban en la cumbre en aquellos años en EEUU. Elizabeth Taylor y Katharine Hepburn se comen literalmente la pantalla y con ellas un Montgomery Clift que no es que esté mediocre ni muchísimo menos, sino que sencillamente es eclipsado por dos grandísimas actrices, a las que el actor debía mirar durante el rodaje, al igual que hacía su doctor Kucrowicz, con sus bellos ojos abiertos de asombro. Y es que las palabras del dramaturgo estadounidense parecen expresamente escritas sólo para Khatarine y Elizabeth. Impagable la escena de Katherine, representando a la excéntrica Violet Venable, dentro del curioso ascensor.
 

DE REPENTE EL ULTIMO VERANO, tanto la película como la obra original, fueron demasiado modernas en atrevimiento para la época y no estuvieron exentas de mucha polémica a pesar de la rendición final de crítica y público. A Mankiewicz le dejaron muy claro que la homosexualidad y pedofilia de Sebastian debía sólo sugerirse pero jamás ser mostrada. Personaje éste que al no aparecer en imágenes subraya el mérito de guión y realización a la hora de dotarle de vida propia y protagonismo a través de lo que todos hablan de él. Locura, marginación, homosexualidad, inadaptabilidad, mezclas entre lo real y lo onírico..., son características recurrentes de las obras de Tennessee Williams, también aquí presentes y dosificadas en este caso, junto al amor idealizado y exacerbado de una madre a su hijo, para crear cierto misterio. Muchos afirman que sus creaciones literarias están inspiradas en sus vivencias, en su familia, y aquí se le puede ver reflejado como si de un apunte autobiográfico se tratara en Sebastian. Irónicamente la muerte del escritor estuvo tan rodeada de oscurantismo como la del hijo de Violet; aunque posiblemente no se trate del mismo castigo por sus actos. No sé si, al igual que el personaje, el autor también se jactaba de contemplar a Dios; pero lo cierto es que este trabajo puede perfectamente integrarse en las arcas de los Dioses del Olimpo de la cinematografía, en lugar de terminar devorado como las crías de tortuga de las islas Galápagos.

A veces te cuesta cubrir de adjetivos un diamante, no los tienes, ni en la mente, ni en la punta de la lengua, porque su belleza ciega y te sientes cubierto de su brillo excepcional...En estos momentos no encuentro el que pueda simplificar tanto la obra teatral, como el film de Mankiewicz, me es materialmente imposible y sé los motivos, son los mismos que uno siente cuando el terror, la impotencia y la locura te embriagan sin posible salida alguna, entonces respiras hondo, sueltas el aire lentamente y ves con claridad que de lo que estas hablando aún nadie tuvo la autentica certeza para definirlo.  

 

 De esta obra de autor destacaría:



- Un mas que excelente guión, firmado por Gore Vidal y Tennessee Williams, de ahí que sea algo enrevesado, poético, profundo y magnífico. Basado en una experiencia del propio Williams: su hermana fue lobotomizada y quedó idiotizada para el resto de su vida, el escritor nunca se lo perdonó a sus padres.

-La mano que dirige una atmósfera irrespirable, pero puro cine cien por cien: Joseph L. Mankiewicz.

-Las irrepetibles interpretaciones de los tres protagonistas: Una traumatizada y angustiada Liz Taylor, actriz que siempre que la veo y recuerdo, pienso que los tiempos pasados siempre fueron mejores, la delirante, exquisita y diabólica madre de Sebastian, mi adorada Katharine Hepburn, siempre dando su toque de distinción plano tras plano y Monty Clift, en un comprensivo y atractivo médico, muy convincente.
-La influencia de Freud y el psicoanálisis, como  ocurrió en otros Films como "RECUERDA", del maestro Hitchcock.

-La bellísima fotografía en blanco y negro, que refleja el sórdido manicomio, el exuberante y extraño jardín, y que contribuye a que la atmósfera sea aún mas asfixiante.

-Los temas que trata son muchos y variados: la lobotomía, la locura, la angustia, el complejo de Edipo al revés, la homosexualidad y el egoísmo. Precisamente, esta fue una de las primeras películas norteamericanas que muestra un personaje con clara tendencia homosexual. Aunque Sebastian, el poeta homosexual, sólo en las últimas secuencias, otro símil de Hitchcock, pero esta vez en la película REBECA, donde se habla continuamente de un personaje fallecido.

-El carácter altruista y bondadoso del doctor contrasta con la ambición y el egoísmo de la familia de Catherine.

 

 

Gran película, un clásico que nadie debe perderse.

 

 

No es nuevo ponerla en el lugar que se merece, porque todos antes de haberla visionado, ya conocíamos comentarios, problemas con la censura EEUU. Un título del que en mis años mas jóvenes siempre oía hablar pero del que no tenía la certeza de que se viese en España, debido a la dura censura. Ahora cuando la tengo ante mis ojos, siento que es una de mis joyas.


Joseph L. Mankiewicz supo como dirigir cada una de las escenas sin sobrepasar los límites entre lo teatral y lo cinematográfico, cada escena respira fuerza e inteligencia, en un completo conjunto redondo y perfecto. La película analiza otros aspectos característicos del cine de esos años, las pasiones humanas, el deseo sexual, la avaricia humana, la maldad, la venganza...pasiones llevadas a extremos inhumanos, pero con ese halo de misterio que siempre cubre al hombre y a la mujer, como marionetas de una lujuria escondida, pues sus pensamientos no son mas que un relámpago en medio de una larga noche, y ese relámpago lo es todo. Williams nos regala un odio que solo puede existir en ausencia de toda inteligencia, por eso él siempre dibuja a sus personajes con cierta desconfianza, porque es la única defensa contra la traición. Estuvo en su cerebro siempre que escribía, porque la mente pura siempre ve solamente lo bueno de cada cosa, pero la mala se encarga de inventar el mal y el lo supo recrear como nadie, que era como decirnos a gritos en boca de sus personajes, que la vida es una obra bastante buena, salvo el tercer acto, el último. 

 

Sorprendente, complejo y arriesgado trabajo de Mankiewicz en una de sus adaptaciones literarias más poderosas junto a JULIO CESAR, al que su polémico y enormemente simbólico argumento ha impedido que muchos la consideren una de sus mejores obras, lo que en mi opinión se lo merece con toda justicia. Hay que destacar, antes de nada, que al igual que la obra de Shakespeare, es una película que se sostiene en gran parte gracias a la labor de los actores, lo que coloca a Mankiewicz en una clara ventaja. En esta ocasión consigue dos trabajos de antología: tanto en el apropiadamente exagerado y teatral de Katharine Hepburn como en el impresionante trabajo de Elizabeth Taylor, en mi opinión, el mejor de su carrera, en el que sorprende su brillante interpretación de las difíciles líneas de diálogo, siendo capaz de transmitir todos los estados de ánimo de su contradictorio personaje. Pero no es lo único que destaca en este film extraordinario. El guión sabe adaptar el atormentado mundo de Tennessee Williams, describe como un maestro sus personajes, capta la atención con el espectador y logra que Sebastian se convierta en un genial McGuffin sobre la que se basa gran parte de la narración. Si Sebastian es el origen de los conflictos internos de Mrs. Venable y de Catherine, el otro personaje, el doctor Cukrowicz, es el catalizador para que salgan a la superficie, sin olvidar evidentemente las lecturas simbólicas que transmiten los personajes y en especial el final.  Mankiewicz sabe salir airoso de un trabajo extraordinariamente complicado para un director, no solo por la densidad del texto, sino por la limitación de escenarios que la propia obra le impone, realizando una labor magistral, aportándole entidad visual al conjunto, con escenas tan potentes como la del jardín de Sebastian, las dos de la pasarela en el psiquiátrico o el largo, opresivo pero fascinante flashback final. SUDDENLY LAST SUMMER, es una película tan extraña como fascinante, tan física como intelectual, una obra muy literaria y aun así enormemente visual. Una de las cumbres del mejor director de diálogos de la historia, junto con Wilder.

 

Todo aquí es irreal, cual si se tratase de un ballet dramatizado. Representado en una mansión de estilo gótico victoriano en el Barrio Jardín de Nueva Orleáns, a últimas horas de la tarde, entre fines del verano y principios del otoño. La casa se funde ante nuestros ojos en un jardín fantástico, que tiene más de selva tropical o bosque que otra cosa, correspondiente a la edad prehistórica de los helechos gigantes, en que a seres vivientes les crecían extremidades por formación de aletas y las escamas se convertían en piel. Los colores de esta selva- jardín son violentos sobre todo en razón de que un vaho visible sube de la tierra con el calor que sigue a la lluvia. Hay flores que sugieren órganos de un cuerpo humano, arrancados, todavía con el brillo de la sangre aún no seca. Se perciben broncos gritos, silbidos penetrantes y otros ruidos como de fuertes pisadas, tal cual si el jardín estuviese poblado de bestias, serpientes y aves, todas salvajes... El film como la obra en que está basado es un estudio del texto mas dramático de Tennessee Williams, con la finalidad de que observemos en el film todos los elementos 'dionisíacos' utilizados por el autor, extraídos de su texto mental; "las Bacantes de Eurípides". El análisis de la obra propone finalmente la forma en la que la cosmovisión particular del dramaturgo norteamericano lo siente, convirtiendo DE REPENTE EL ULTIMO VERANO, en un 'tributo' a uno de los más grandes trágicos de Grecia.
 

Una obra maestra de la literatura y el cine