EL DISCURSO DEL REY

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nada puede ser mas atrayente para mi, que el actor Colin Firth, aparte de ser un profesional con la categoría que desprenden los actores galos, Colin posee un atractivo personal que traspasa la pantalla: nos hace soñar, olvidar, volar... Le considero como uno de mis actores fetiche, al igual que Laurence Olivier, Anthony Hopkins o el propio Marlon Brando. Es demasiado tarde para volverse atrás y quiero que todos los que entren para leer este homenaje a una de las pocas obras maestras del Séptimo Arte del siglo XXI, como es este pedazo de recorte histórico, donde nos adentramos para perdernos con gusto por sus galerías de secundarios, por el mismo Palacio de Buckingham, esperando encontrarnos con Colin, antes de su discurso y por sus salones, ambos encontraríamos ese lugar que nos llevaría a Manderley. Mi conclusión al verle en el film, fué la misma que sentí al disfrutarle en otros de sus trabajos. Es un monstruo de la expresión, del ritmo y de los registros. Sé a ciencia cierta que llegará tan lejos, que terminará en mi crepúsculo de dioses. Permítanme haber comenzado mi crítica con el nombre de este caballero inglés que con todo merecimiento se llevó a su casa el Óscar como mejor actor y lo que es más..... sin tela de duda. Si bien tengo que admitir que lo supe de antemano, también tengo que reconocer que si no ganaba Colin Firth, me hubiese sentido decepcionado con la Academia. Para hacerme comprender un poco mejor, los miembros de la academia no se equivocaron esta vez, si hubiese estado en su lugar y tuviese que escoger a uno de los cuatro, habría votado por Colin Firth, sin dudarlo. ¿Porqué?, pues porque tienes que ver su intensa y casi vívida interpretación, como Jorge VI, un aspirante a Rey que sufre de tartamudez y que, para desgracia suya, tendrá que dirigirse a toda una nación, con el fin de apaciguar y brindar confianza a un pueblo que está a punto de entrar en plena guerra, y no cualquier guerra, es nada menos que la Segunda Guerra Mundial. Brillante y conmovedor, sobre sus hombros está el mayor peso del filme y no defrauda en ningún momento, es increíble cómo puedes sentir a través de sus ojos el miedo, la rabia, la impotencia y al mismo tiempo te regocija sentir un sentimiento de superación y confianza en uno mismo. Esto solo por explicar muy por encima y en pocas palabras la enorme carga que trasmite en todos sentidos, el actor Colin Firth..
 

Y ahora y refiriéndome al reparto que acompaña a este grandioso actor británico, no podía escapárseme el veterano y siempre cumplidor Geoffrey Rush, que está magistral como el paciente y poco ordinario Lionel Logue, quien con sus extraños métodos y especialmente por la amistad y confianza que brinda a un necesitado Jorge VI, se gana el cariño del espectador. Helena Bonham Carter, que a mi siempre me ha parecido mediocre, vulgar y patosa, en el film confieso que me encontré con una fina dama de la Realeza, con una sutil interpretación se gana la ternura de todo aquel que la mire, está impecable, al menos en esta ocasión. Otro actor que siempre esta lúcido y certero donde lo pongan es Guy Pearce, secundario de lujo. Si no lo has visto aún, ve y siéntate a disfrutar de una película indispensable, y que no te aburrirá para nada, es como abrir un capitulo de la misma historia, pero en tono superior.
 

Según el diario The Guardian, Colin Firth ha criticado la decisión de la distribuidora en EEUU, Weinstein, de publicar una versión de la que se han eliminado las palabrotas que pronuncia en determinado momento el indignado monarca:

-" Las palabrotas tienen un sentido. No es que me guste ese tipo de lenguaje. Pero en el contexto de la película no podría ser más apropiado. No resulta vicioso o insultante, sino todo lo contrario-"

El director del filme, Tom Hooper, se ha manifestado asimismo descontento con la censura estadounidense, aunque admitió que es importante que llegue a todo tipo de audiencias. Los censores le dieron en un principio la calificación de R, lo que significa que los menores de 17 años debían ir acompañados. El distribuidor estadounidense intentó en vano que la aprobaran para público más joven y optó entonces por eliminar todas las palabras malsonantes para que fuera calificada apta para todos los públicos.

Si esta película hubiese sido ejecutada por cualquier otra nacionalidad, podría acusársele de pretenciosa y de busca premios, pero como es inglesa y se da el caso que estas películas los ingleses las hacen como el que se pone una camisa Harvie & Hudson hecha a medida en la mejor tienda de Oxford Street, nos hallamos ante un claro ejemplo de drama de época británico. Por supuesto los dramas británicos de época ya cuentan con seis estrellas de base en la puntuación, porque siempre reúnen tres requisitos indispensables para una buena película: grandes actores, ambientación admirable desde cualquier angulo y una historia que en manos americanas hubiera provocado una debacle del kleenex en todas las multisalas, pero que siendo inglesa, invita más bien a enjugarse discretamente una furtiva lágrima con un pañuelo de encaje. El discurso del rey, tan afín a la apreciable "La locura del rey Jorge" narra los acontecimientos que provoca la abdicación de Eduardo VIII en favor de su tartamudo hermano Jorge VI. En realidad lo narrado no va más allá de una anécdota histórica: el rey tartamudo contrata a un especialista del habla con cuya ayuda consigue salir más o menos del paso el día de su coronación y gracias al cual consigue ejecutar uno de los mayores retos de su vida: dar un discurso completo el día que Inglaterra le declara la guerra a Alemania. Yo me pregunto, si teniendo el rey este problema y no existiendo televisión por aquellos momentos, no hubiese sido más sencillo que un "negro" de voz le hiciese el papel a través de la radio; pero según la película, Jorge VI fue un tío legal y se las vio y se las deseó para poder dar él mismo sus discursos. Resulta admirable que en una película cuyo tema central es el habla, se preste tanta atención al lenguaje visual como al lenguaje oral, evitando la tentación de lo teatral, tan cara a la cinematografía inglesa. Además los rostros de Colin Firth, con su mirada más angustiada y angustiosa y de Geoffrey Rush convierten en innecesarias las explicaciones. Dos grandes actores que se bastan por sí solos para dar vida a toda la película, pero quiero volver a mencionar que están bien arropados por un excelente reparto en el que destaca, Helena Bonham Carter y el majestuoso Michael Gambon como el padre del futuro rey.
 

Por fin, el actor inglés recibe el máximo galardón de los actores ante una interpretación que no tenía discusión en el veredicto. Él da vida al rey Jorge VI, que sufría una tartamudez bastante peculiar. No era tartamudo, pero la presión de las situaciones, hacía que le fuera imposible dar cualquier discurso en público. La base de la enseñanza para que este futuro monarca pueda ser mejor rey gracias a la voz, hace que se nos presente la realidad de un mundo que vivía unos años inciertos gracias a la sombra de Hitler y el nazismo. A esa incertidumbre se unía la del pueblo inglés, al observar como los dos herederos al trono no daban la talla. Uno de ellos es un vividor y el otro no posee voz en público. ¿Cómo un país puede afrontar su futuro con una monarquía tan tocada?. Junto a Colin Firth se encuentra una aceptable Helena Bonham Carter y un logradísimo Geoffrey Rush. Ambos formarán un triángulo interpretativo insuperable, como en pocas películas se nos está dando. En fin... película que cuenta también con un diseño artístico insuperable., que nos abre de par en par las ventanas de la monarquía inglesa, para apreciar en primera persona como se hizo que cambiara el rumbo de la historia.

La secuencia del discurso es emocionante: como cervatillo al que se le doblan las patas, arranca vacilante la voz, largas pausas temblorosas, pánico al cortocircuito gutural electrizando el aire, recomiendo escuchar el archivo digital de la BBC, muy emocionante cómo esa voz que se derrama en primera persona por radio hasta llegar a un pueblo ansioso de saber si hay alguien al frente de un país al que Hitler amenaza. Gran momento histórico, funde lo individual y lo colectivo. Para el registro documental había material de sobra, pero el director optó por la emoción, en forma de música portentosamente acompasada con la voz, mismo aliento, misma cadencia: el lento de la Séptima sinfonía de Beethoven. El efecto se introduce en el espectador y te convierte, no solo en pensar que estas en Manderley, contemplando al actor, sino que por unos minutos eres súbdito británico con nudo en la garganta. La dimensión social del momento histórico es conocida: en su día, el discurso se publicó en disco. La individual, la lucha de George VI por superar su humillante tartamudez, es cuanto antecede en la cinta, de elegante clasicismo formal y solemnidad coherente con la magnitud del asunto. Un tratamiento ceñido a la mecánica, lo bucal, pronto deriva a psicoterapia: El sofá ante la pared desconchada en la consulta del foniatra es un descenso al abismo para el duque de York, futuro rey. Su alta arrogancia no sólo debe afrontar la sordidez de la barriada sino el tuteo, ser tratado en pie de igualdad por un hombre común que le llama Bertie e indaga sin rodeos temas personales. Tal arrogancia no impide que emerjan confidencias y traumas de alguien criado en casas reales, entre algodones, pero tóxicos: pura carencia afectiva. Lo imaginable: severidad, amor ninguno. Nunca un amigo. Ortopedias dolorosas, hermanos muertos. Cómo hablar si, por palaciegas restricciones, no le han dejado usar su propia voz. Y cómo no temer a la propia sombra. De manifiesto ante alguien que le invita a explayarse; le escucha, y además amistosamente, más entrenador personal que doctor.

Extraordinario el guión, ambientación y tratamiento de espacios, catedral, salas de palacio, son muy correctos. Hay énfasis inteligente en lo relativo a la dicción, el agobio de los silencios, las expectaciones tensas, la conexión problemática entre cerebro y garganta. Es otro acierto contrastar la expresividad apocada pero noble del rey británico y la sobrada elocuencia de Hitler, su figura galvanizada por un magnetismo fatal. Y otro apunte importante: centrar el relato en cómo una amistad inesperada entre un estirado sangre azul y un paisano de Australia puede determinar asuntos de Estado.

Extraordinario, magnifico el trabajo lleno de esfuerzos y aciertos de Colin Firth, cómo recrea perfecto el tormento sin rozar jamás el estereotipo, y también el de Geoffrey Rush, lleno de genialidad en su creación de Lionel Logue, el atípico terapeuta, singular personaje que de un encargo profesional hace arte humano, con la ayuda de Shakespeare y el fondo de Beethoven, crea en el momento culminante, algo que se aproxima mucho a la belleza suprema.

 

Cuando en 1989 el actor fué contratado por Milos Forman para encabezar el reparto de VALMONT, compartió su brillante interpretación con una muy atractiva y bella Annette Bening, en un dúo de maldad e intrigas, en un escenario de una fidelidad exquisita, digna de los mejores trabajos de Forman. En la entrega de los premios Batfa en 1990, ante unos periodistas en Londres y acompañada de su esposo Warren Beauty, Annette dijo:

-" Fué como pasear por la campilla escocesa, este film me ha dado la oportunidad de ampliar mis posibilidades de actriz, sobre todo en los planos finales, creí que no sería capaz de seguir los consejos del director. Warren me ayudó mucho, no lo voy a negar, pero trabajar al lado de Colin ha sido una de las mejores cosas que me han sucedido, es el clásico actor inglés, su corrección hasta para hablarte cuando no trabajábamos era siempre perfecta, su atractivo no es solo físico, el atractivo de Colin sobrepasa la pantalla, puede recrear mil y un personajes, haciendo solamente del Vizconde de Valmont. Me tenía enamorada, no lo podía evitar, Colin es una grandísimo actor, su trayectoria artística será meteórica y abordará cualquier papel que le ofrezcan. Siempre es muy halagador que en todo, mi esposo Warren esté de acuerdo conmigo. Colin y Valmont siempre estarán en mi carrera de actriz como todo un regalo.-"

 

Interesante historia la que se nos cuenta en EL DISCURSO DEL REY, en la que veremos algo más que a un simple monarca tartamudo que intenta superar su problema, pues más allá de su trastorno lingüístico, se acercaba el período de la Segunda Guerra Mundial e Inglaterra necesitaba a un Rey que mantuviera unida la nación. Que les diese seguridad, que hablara en público y sobre todo, les diera apoyo y esperanza, ante lo que era inevitable. Para ello, Alberto, Duque de York, recurrirá a la ayuda de varios logopedas para poder superar su tartamudez, debido a que su hermano, Eduardo VIII, no está por la labor de gobernar ni se le ve con perspectiva de ejercer la responsabilidad de su padre Jorge V. De  entre todos los especialistas buscados, Lionel Logue será el elegido para intentar superar el problema.

La película se ha quedado en mi corazón y sé que va a ser para siempre, y las causas son muchas: Veo un trasfondo aparte del problema de dicción que sufre el monarca, en el que Colin trasmite una soledad y baja autoestima, como nadie podía reflejarlo...!todo en él es grande!... Y que tras toda esa arrogancia y aires de superioridad, se esconde un hombre sin amigos, excluido debido a su tartamudez. Un hombre que no se veía capacitado para ser Rey y que por consecuencias adversas, ya que su hermano tuvo que renunciar al trono debido a que se casó con una divorciada, lo fue. Es aquí donde Lionel Logue, juega un papel fundamental en la trama siendo algo más que un simple logopeda para Alberto, convirtiéndose en su íntimo amigo. Una entrañable amistad que será núcleo principal de la trama, demostrándonos una vez mas que el hombre es completo, cuando tiene un amigo sincero que se funde con su propia sombra, entonces es cuando el ser humano se alza por encima del bien y del mal.
 

Tengo muy presente la fotografía, el vestuario y todos los detalles que envuelven el film, y algunos curiosos como el peculiar micrófono al cual el Duque de York le tenía respeto y miedo o el cierto interés que mostraba por Hitler al verlo como un líder que sabía realizar brutales discursos y su diabólica seguridad al hablar, pese a que no entendía nada de lo que decía, ni podría comprender el origen de sus frases premonitorias. Su carácter inglés, su categoría como miembro de la familia real le impedía concretar como algo humano, lo que a él le resultaba incomprensible. El film tampoco sería la misma sin su música creada por Alexandre Desplat, quien ya logró interesarme hace años, cuando realizó la banda sonora de "El curioso caso de Benjamin Button". EL DISCURSO DEL REY es una película que yo personalmente recomiendo a todo aquel que quiera ver buen cine, saber más sobre la Familia Real inglesa y quiera conocer a fondo el que fuera Rey de Inglaterra desde el años 1936 al 1952. También es un claro ejemplo de cómo dos esferas altamente contrarias como son la clase alta y la plebeya, pueden necesitarse mutuamente hasta el extremo de ser excelentes amigos.

 

 

Muchos seres humanos tienen fobias ocultas. Hay quien las tiene a las alturas, a la oscuridad, a los espacios cerrados y reducidos, a volar en avión, a las ratas, a las cucarachas, a las serpientes, a conducir vehículos motorizados, a las enfermedades mortales, a la muchedumbre, a hablar en público, a hacer el ridículo… Miedos desproporcionados, a menudo inconfesables, que son más frecuentes de lo que imaginamos. Las fobias, según aventuran las hipótesis psicoanalíticas, tienen su origen en experiencias que han sido traumáticas por el individuo. O también puede ser suficiente con que se observe, en alguien sentimentalmente próximo, una reacción de pánico ante un estímulo o agente que le resulta amenazador. Las fobias se adquieren tanto por exposición directa a un peligro real o imaginario, como por asimilación de las conductas de las figuras con las que se mantiene estrecho contacto. Lo realmente peligroso llega cuando afectan al desarrollo de la vida normal. Unas se pueden paliar y disimular; otras no. En cuanto el individuo en cuestión es sometido a la situación desencadenante del temor irracional, los niveles de estrés se disparan y pueden llegar a bloquear su capacidad de respuesta mental y física, o incluso desencadenar fuertes crisis de angustia. Quien padece de estas disfunciones psicoemocionales, sufre una tortura constante cuando lo que más teme es algo con lo que no tiene más remedio que soportar cada día.


Por ello, para un rey debe de ser muy mortificante tener verdadero terror a hablar. Jorge VI lo tenía. Criado en las rígidas costumbres de la etiqueta real británica por un padre severo, algo hizo que la lengua se le trabara. Tal vez el sentirse empequeñecido, poca cosa ante la imponente efigie de un hombre al que probablemente veía más como rey que como padre.
La tartamudez es un problema mental en numerosos casos. El aparato fonador del afectado no suele presentar anomalías. Pero el obstáculo se halla en pasar del pensamiento a la articulación oral. Una inseguridad aplastante tira por los suelos la autoestima y origina que uno no confíe en su propia valía. De modo que las palabras se atascan en la boca, no queriendo salir porque uno no se valora y cree que va a decir algo inconveniente de lo que los demás se van a burlar.
El rey Jorge VI, “Bertie” en su círculo íntimo, casi patológicamente tímido en público, no se veía ocupando una dignidad que estaba convencido de que le venía grande. Su padre Jorge V estaba dotado con una dicción y una oratoria que eran como una segunda piel en el monarca. El amedrentador ejemplo paterno, estoy más que seguro, contribuyó a segar de raíz la autoconfianza de su vástago.
Pero todavía podía respirar relativamente tranquilo. Su hermano mayor Eduardo era el sucesor al trono. Hasta que éste decidió abdicar por amor a una mujer. Y Bertie recibió súbitamente la corona sin saber qué hacer con ella. ¿Cómo podía reinar un hombre que no podía decir dos palabras seguidas fuera de su ambiente familiar?. Tuvo que pedir ayuda. Y dio con un singular logopeda que comprendía lo más esencial: que para curar una lengua trabada, hay que escarbar en las entrañas, en la autoestima, en los sentimientos, en recuerdos. Transmitir serenidad, desahogo, liberación del temperamento reprimido, pautas, trucos, carencias y ritmos a los que agarrarse cuando el bloqueo hace su aparición. La terapia es sobre todo la sanación del espíritu lastimado, porque de ahí surgen todos los males. Y el afecto es uno de los mejores remedios. Jorge VI, tuvo que aprender a luchar contra un enemigo poderoso, su baja estima personal, para estar al frente de Gran Bretaña en una de las épocas más duras de la Historia, la Segunda Guerra Mundial, y mantenerse firme ante un enemigo terrible, Hitler.


Fué un plebeyo, Lionel Longue, de dudosas credenciales pero con gran sagacidad y experiencia de campo con personas traumatizadas, quien se convirtió en uno de los principales apoyos de un soberano al que tocaron unos tiempos lúgubres.
Es una tremenda y hermosa historia de amistad y superación, tratado de forma impecable y con trazos en un lienzo de cualquier maestro de la pintura. Es intensamente emotiva. Los reyes son personas como cualquiera. Y también, como cualquiera, buscan una mano confortable que los haga sentirse como en casa y tener fe en su voz interior. EL DISCURSO DEL REY, es un film con secuencias memorables y diálogos legendarios que te absorben desde el primer minuto... Si eres amante de esa clase de cine o del buen cine, debes tenerla entre tus tesoros cinematográficos mas preciados.

 

Tom Hooper lleva el timón de esta gran película británica que fundamenta su desarrollo en un drama repleto de ironía y que profundiza en lo más hondo del ser humano. Debo admitir que no había visto ninguna película de este director, pero que a partir de ahora no voy a perderle de vista. Con un ritmo tan elegante como la historia que cuenta, Hooper consigue bucear en las entrañas de sus personajes principales, apoyándose en un manejo de cámara digno de los nombres mas emblemáticos de la dirección. Logra mostrar en cada momento el plano necesario para acercarte paulatinamente a cada personaje e ir descubriéndote sus capas con delicadeza y un saber hacer sorprendente. El magnífico montaje termina de perfilar una obra técnicamente impecable. Hay secuencias inolvidables; por supuesto el discurso, donde cada segundo te tiene en vilo, hipnotizándote con los ojos de Colin, humedecidos, enrojecidos....ante el micrófono, sujetando con manos temblorosas lo que ha pasado a ser el discurso mas trascendental de toda la historia de la Gran Bretaña. Secuencia inolvidable, final muy al estilo inglés, no podía ser menos, mientras la familia real se acerca al balcón del Palacio de Buckingham, escenas de gran poder cinematográfico.

El reparto es impresionante. No son Colin Firth, ni Geoffrey Rush dos actores clave de Hollywood, la gente suele pensar en De Niro, DiCaprio o Morgan Freeman, pero los actores que se dedican a hacer "otro cine" no tienen nada que envidiar a los otros. Colin Firth hace una actuación memorable, alzándose con el honor de ser lo mejor de la película. Su lenguaje corporal está conseguidísimo, y dota al personaje de una alma auténtica y casi palpable. El australiano, por su parte, construye el personaje más importante de la película con una naturalidad sobrenatural. Rush da el toque extravagante al film y complementa perfectamente a Firth. En un segundo plano tenemos a Helena Bonham Carter, que pierde protagonismo conforme avanza la película, pero que cumple su cometido, especialmente en un par de escenas.

Resumiendo; Cine puro, firme dirección de Tom Hooper y antológicas aportaciones magistrales de dos actores; Colin Firth y Geoffrey Rush para firmar una película redonda en todos sentidos. Para mi EL DISCURSO DEL REY, es como volver a revivir la magia y el amor que siento por el cine.

 

El cine consiste en arrancar miradas, para luego devolverlas, y en este viaje, más bien odisea, muchos directores y guiones se pierden por el camino. Esto no ocurre en EL DISCURSO DEL REY. Los 118 minutos de metraje son ágiles, donde el lenguaje cinematográfico se convierte en una de sus grandes virtudes. El metraje destila veracidad, es decir, destila realidad y verdad, consigue atrapar al espectador de una forma casi inesperada. La empatía del espectador y el Duque de York, por otra parte, se mastica, se hace imprescindible. Esto es, la mirada del espectador sufre, se agobia, ríe y se congracia con un hombre cuyo destino ha querido que sea rey, pero que no deja de ser un hombre. Esas contradicciones entre el envoltorio que persigue a la vida de un miembro de la realeza y él mismo como persona, igual que cualquier otro de su especie, se observan en la película de forma cristalina. Por último, solo nombrar por encima que las escenas interiores en la abadía de Westminster, algunos planos picados y algún excepcional travelling reafirman la calidad fílmica a todos los niveles de esta película. Cuando la ficción te atrapa y consigue que lo que se mira sea verdad, cuando la ficción se convierte en realidad, una realidad que se esfuma en el momento en que la pantalla funde a negro, se hace el milagro. Es el gran milagro del cine, y aquí se produce tal hecho. Al ser una película de género histórico apunta a ser seria o aburrida para los que odian este tipo de cine, pero cuando la ves, la disfrutas de una manera que no te da tiempo ni para sacar defectos. Una película digna de haber sido premiada en los Globos y los Oscars, envuelta en una fotografía maravillosa que te centra perfectamente en la época de los sucesos, un guión brillante, de ritmo envidiable y sobre todo, un humor asombroso. No ha habido conversación entre Colin y Rush en la que no haya sonreído, el guión es tremendo, sin ninguna duda es lo que más destacaría de esta película. Los personajes llegan al espectador de manera abrumadora, un Colin Firth que roza la perfección con su tartamudez y su desesperación al querer expresarse y no poder, un Geoffrey Rush colosal, muy divertido que borda cada una de las conversaciones y sensaciones. La dirección es magnifica, clásica pero en algunos momentos moderna, sorprendente con ciertos planos para nada esperados, como la manera de enfocar los ejercicios que Lionel Logue le realiza al rey Jorge cuando aún no es rey, para superar su tartamudez, escenas bien enfocadas, muy divertidas y dinámicas.

 

La historia no es sorprendente, son hechos reales y por consiguiente se conocía la historia, incluso si no la tenias muy definida, solamente si lees el argumento lo sabes, pero EL DISCURSO DEL REY, no te ofrece algo inesperado, ningún final que te deje con la boca abierta, todo desde el comienzo se intuye y por eso la considero extraordinaria, magnifica, porque ofrece lo que promete. Los personajes transmiten su mismo interior, sus miedos, su alma.... Durante la película sufres cuando ves a Colin Firth tratar de expresarse y no poder, se te hace un nudo en la garganta e interiormente uno mismo le quisieras susurrar la palabra que ha dejado atrás y no logra retomar.


Llevo reiterando de forma continuada desde éste y muchos otros links similares, como les están superando los ingleses a los americanos en hacer buen cine en el siglo XXI, y éste es un claro ejemplo.


Es una historia de lucha y que nos hace ver que ni los reyes ni nadie están hechos de una pasta especial, todos somos iguales, todos tenemos problemas y todos tenemos complejos. Pero la historia es un poco monotemática, los guionistas podían haber aumentado elementos, algún que otro giro y otro detalle, no saturarlo, pero siento dentro de mí que la historia podía haberse regado con muchos afluentes, como profundizar mas en el hermano, en el carácter del rey, en la figura misma de su esposa. Pero con lo que me quedo y destacaría por encima de todo, porque el cine lo exige, es la interpretación de todos los personajes desde Colin Firth, pasando por Michael Gambon y terminando por Guy Pearce, y también mencionar a Helena Bonham Carter, que a pesar de no ser plato de mi gusto, reconozco que esta digna en su cometido. Todos saben sacar el jugo del papel al máximo, uno como rey acomplejado, otro como el extraño logopeda que lo trata como un paciente más, usando métodos poco ortodoxos. El paisaje y el decorado que refleja la época en la que se recrea, años 30, está muy logrado. Pero esta si que no es una película de efectos especiales, es un film donde hay que guardar cierto respeto a un guión muy conseguido, con frases que se repetirán una y otra vez en vuestra cabeza.
 

La monarquía inglesa ha dado lugar a infinidad de películas, realizadas siempre con el talento y la elegancia habituales del cine británico. Y con la colaboración de sus inolvidables actores. Si hace pocos años era la actual reina Isabel II la que acaparaba los titulares cinematográficos, este año le toca el turno a su padre, el rey Jorge VI, que de la mano de Colin Firth y, por qué no decirlo, del productor Harvey Weinstein ha conseguido llegar a lo mas alto en cuanto a empatía con el público, que en líneas generales sale impresionado con la película. EL DISCURSO DEL REY, es una película con la marca de la casa de su productor, el señor Weinstein, que es un especialista en hacer producciones brillantes, accesibles, comerciales y con unos equipos técnicos y artísticos de primera fila. Son Films que conectan muy fácil con el público.
En este caso la figura del rey Jorge VI, una persona que vivió en su entorno profundos cambios históricos, siempre condicionado por su problema personal: Su tartamudez... Tuvo que convivir con la muerte de su padre, con la abdicación de su hermano, y con la entrada de su país en la II Guerra Mundial. Con la ayuda de un peculiar logopeda, y el apoyo incondicional de su mujer, el rey Jorge VI tuvo que hacer frente a todas estas circunstancias. El guión acierta plenamente en el aspecto íntimo de la historia, en la descripción de la frustración del futuro monarca frente a su tartamudez, y, sobre todo, resulta espléndido en como afronta la relación entre el rey y su logopeda. Juntos conforman un dúo inolvidable y vibrante, repleto de ingenio. El director Tom Hooper ha realizado brillantes producciones para televisión como John Adams, Longford o Elizabeth I. EL DISCURSO DEL REY llega al final con uno de esos brillantes clímax, que no por previsible deja de ser eficaz, en el que a uno le entran ganas de aplaudir, y que deja en el espectador un inmejorable y eterno buen sabor de boca.
Y una conclusión muy importante, el mensaje que lanza el film en todo momento: que se puede llegar a superar con trabajo, persistencia y constancia todos los problemas que uno se proponga.


 

Mucha calidad, grandes hallazgos cinematográficos, excelente recreación de época y un magnifico Colin Firth.... Se preguntaran, ¿que tiene este actor que no tengan otros de los grandes?...Pues tiene el atractivo de la cercanía, la sencillez y la convicción de lo que hace, sea lo que sea, nos llega al corazón, basta con su sola mirada, es algo sin posibilidad de adjetivar.. Colin Firth ha demostrado a lo largo de los años y al mundo entero la clase de actor que es, no es cuestión de sentar cátedra, es simplemente uno de los nombres mas cotizados, un profesional reconocido, entre tanta basura como derrocha el cine del siglo XXI, salvo "pocas" y contadas excepciones. Por este film; EL DISCURSO DEL REY se llevó su reconocidísimo Oscar, después de habernos regalado muchas interpretaciones anteriores que nos dejaron impresionados.

 

Para ver la clase de actor es Colin Firth, estos son los premios otorgados hasta ahora:

 

2009  Mejor actor A single man
2010  Mejor actor El discurso del rey

Premios Globo de Oro
 
2010  Mejor actor - Drama A single man
2011  Mejor actor - Drama El discurso del rey

Premios del Sindicato de Actores

1996  Mejor reparto El paciente inglés
1999  Mejor reparto Shakespeare in Love
2009  Mejor actor A single man
2010  Mejor reparto El discurso del rey
2010  Mejor actor El discurso del rey

Premio BAFTA.

2001  Mejor actor de reparto El diario de Bridget Jones
2009  Mejor actor A single man
2010  Mejor actor El discurso del rey

Festival de Venecia.

2009  Mejor actor protagonista A single man