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LOS MEJORES AÑOS

 DE

 NUESTRA VIDA

 

 

 

 

 

 

 

Cuando acaba una guerra ¿Cómo se adaptan los que vuelven de ella? ¿Y los ciudadanos que no han participado directamente pero la han sufrido en sus familiares y amigos?. Muchas películas han tratado el tema....quizá las más impactantes fueron las realizadas tras la guerra del Vietnam, como El regreso, o El cazador… Pero siempre se puede volver a un clásico donde no hay violencia, ni locura, ni suicidios. Solo dramas cotidianos de adaptación, por ello el impacto es enorme. Bajo un estilo de vida total e inequívocamente americano, desfilan los tres personajes cuya vida real está en orden inverso al de su importancia como militar. Dana Andrews, capitán, es un simple vendedor de helados y Fredric March, sargento, un alto cargo de confianza en un banco. Harold Russell un soldado sin manos, provoca quizá las escenas más emotivas y desgarradoras. Desde el momento en que los soldados llegan a su ciudad, sabemos que habrá problemas. El contraste entre sus miedos y el ritmo de vida ajeno a lo que han sufrido está rodado con exactitud de obra maestra. Excelentes todas las actuaciones, y soberbia la escena en que Dana Andrews interviene en la conversación de su amigo sin manos y el cliente que insiste en que todos han elegido el camino equivocado, incluso el propio país. Un film que a pesar de su duración se ve con emoción, interés y deja un recuerdo para siempre.

Grande William Wyler y como decía André Bazin:

-" Nadie ha sabido contar mejor una historia en cine que William Wyler.."-



Los mejores años de nuestra vida es una película y lo demás tonterías, es la prueba irrefutable de que para hacer una buen film solamente se necesita saber dirigir a unos actores que no tienen por qué ser de primerísima fila, contar con un buen argumento y, sobre todo, ir contándolo sin prisas y sin dar pasos en falso. Parece fácil pero no lo es. Sólo un genio es capaz de hacerlo y aquí se ha mostrado en la persona de William Wyler. 3 Militares regresan de la guerra y coinciden en un avión; Un marinero con 2 ganchos por manos, un sargento y un condecorado capitán. De vuelta todo son alegrías y bromas pero al llegar al hogar el sargento se encuentra descolocado, el capitán no encuentra a su bella mujer y el marinero se avergüenza de sus manos ante su novia de toda la vida. Por la noche coinciden en el Pub de un familiar y cogen una soberana borrachera con lo que el capitán tiene que quedarse a dormir en casa del sargento y "conecta" con la hija de éste... Pues a partir de aquí quedan más de 2 horas de extraordinario cine que aconsejo no perderse por nada del mundo. Es sin la menor duda, una de las mejores películas que he visto en mi vida.



No sale ni un tiro.
No sale ni una trinchera.
Ningún combate.
Ni cobardes.
Ninguna granada.
No salen paracaídas.
Ni tan siquiera salen carros de combate.
Ni portaviones o pilotos
No hay vencedores o vencidos.
No se escuchan sirenas ni alarmas.

 

  Pero a pesar de ello, es quizá la película más antibélica de la historia del séptimo arte. Producida por Samuel Goldwyn, fue realizada por William Wyler. Se basó en la novela "Glory for Me", de MacKinlay Kantor. y su rodaje se efectuó en Long Beach Airport, Ontario Airport, LA Arboretum and Botanic Garden, Raleigh Studios y Goldwyn/Warner Studios, con un presupuesto estimado de 2 millones de dólares.
 

 

 

La acción tiene lugar en Boone City, pequeña ciudad del Medio Oeste, a lo largo de unos meses, en 1945.... Narra la historia de 3 veteranos que regresan a sus hogares tras el final de la segunda guerra, Al Stephenson, sargento de infantería, de media edad, trabajaba en un banco. Homer Parrish, marino, ha perdido en la guerra los dos brazos. Fred Derry, piloto de bombarderos de brillante historial, trabajaba como dependiente en el bar de unos almacenes. Los tres tienen problemas de adaptación familiar y laboral. La película muestra la alegría, la preocupación y los temores de los tres veteranos en su regreso tras una prolongada ausencia. El esfuerzo de guerra no les ayuda a tener una acogida adecuada, les dificulta la reinserción laboral, les impulsa a buscar falsos refugios y les obliga a asumir en solitario la tarea de readaptación, en un ambiente ambiguo, de homenajes, celebraciones, reproches, desprecios y angustias. Se describe con emoción la vida diaria y doméstica en una ciudad media americana, con el bar para la conversación, conflictos familiares, desavenencias conyugales, reproches tendenciosos sobre la guerra, etc. Las diferencias de clase por razones económicas hacen emerger prejuicios, que afectan a las relaciones entre los tres amigos. Son escenas memorables la vista aérea del cementerio de aviones, la demostración desgarradora de Homer a Wilma de sus limitaciones o el paseo de Fred por el aparcamiento de aviones a desguazar. La música aporta una gran partitura original en la que el "Main Title" incluye la melodía central que se repite en temas posteriores, como "Homecoming" y "Fred and Peggy", la fotografía, de Gregg Tolan, consigue una aguda profundidad de campo, adopta una estética realista, el guión traspira autenticidad y sinceridad. La interpretación de todos es extraordinaria por su naturalidad y emociona el rotundo y desesperado "Sé aprender", de Fred. La dirección crea una obra cálida, cercana a nosotros mismos y nos seduce como si estuviéramos presenciando la mas famosa de las operas. La película trata temas intemporales, sin sentimentalismos y con sobriedad. Su guionista, Robert E. Sherwood, fue investigado por el Comité de Actividades Antiamericanas, que estimó que la obra podía ser considerada sospechosa de poco patriotismo. No fue procesado gracias a las gestiones de Samuel Goldwyn. La secuencia final demuestra a las claras y con redoble de tambor, que los próximos años serán los mejores de sus vidas. “Los mejores años de nuestra vida” es lo que yo definiría como uno de esos paradigmas del cine clásico a los que se les debe añadir, sin el menor atisbo de rubor, esa archiconocida frase cinéfila que solemos poner como guinda a los Films de irreprochable factura: Esa que dice de "visión imprescindible para todo amante del buen cine".

 

Hacía mucho tiempo que no repescaba en mi particular océano de obras maestras semi-olvidadas una película de semejante calado. Redonda, completa y madura. Un film que, pese a su aparente sencillez, conmueve y cuestiona a partes iguales. Que te hace amar el cine. Implacablemente sincera que describe una serie de sentimientos y situaciones impregnadas de ese tenue halo de tristeza y nostalgia posbélica con una pureza narrativa y estilística magistral. Si aún no la habéis visto, ya estáis tardando. Probablemente, como en mi caso, pasará a engrosar ese particular compendio denominado ‘los mejores clásicos de nuestra vida’.William Wyler, que con esta película puede hacer callar a todos sus detractores, consigue un intenso drama de una increíble emotividad sobre la marginación social y sobre las heridas que deja la guerra. Todo el reparto esta excepcional aunque mención especial merece Harold Russell, manco en la vida real, que fue premiado con un oscar especial además del de interpretación. La película esta llena de momentos inolvidables, como la llegada de los veteranos a sus casas, el momento en que se reencuentran en el bar o la escena del personaje de Dana Andrews en el desguace... Quiero destacar también la maravillosa banda sonora de Hugo Friedhofer, que fue premiada con uno de los muchos oscars que consiguió esta película. La desgarradora veracidad y la enorme carga emotiva la convierten sin duda en una obra maestra absoluta del cine. ¿Quieren conocer la teoría de la relatividad? ¿Un ejemplo practico? ¿Parecer insensibles al paso inexorable del tiempo? ¿Qué 170 minutos no parezcan nada? : Vean Los mejores años de nuestra vida de William Wyler. Da igual que la vean ahora por primera vez como que la vuelvan a ver después de una temporada. Da lo mismo... volverá a seducirnos. Se olvidarán de los relojes, de las prisas y de otros compromisos similares. Es la capacidad hipnótica de una historia absolutamente magistral que, llevada al cine, confiere a éste, la categoría de ARTE, con mayúsculas. Siete Oscars mas 1 a Harold Russell por “dar esperanza a sus compañeros veteranos“. Absolutamente merecidos, son los poderes de este film dirigida por uno de los directores cuyas películas han sido más que laureadas, incluyendo el Oscar a la mejor dirección por Los mejores años de nuestra vida e infinidad de estatuillas más. Recordemos Ben Hur , La Heredera, Vacaciones en Roma , El Forastero, etc. Todas premios a la labor de un monstruo de la dirección: William Wyler.

 

 
Para algunos críticos, Los mejores años de nuestra vida es la única película de la historia que justifica plenamente las 8 estatuillas. No voy a contradecir esta afirmación porque este tipo de argumentaciones siempre resulta discutible, pero, es cierto, que el film es magistral en todos los sentidos, e incluso no hubiese sorprendido un reconocimiento a la fotografía de Gregg Toland, donde todo esta en su sitio justo y preciso para cautivar la mirada del espectador y emocionarla, como tampoco hubiese extrañado un premio superior para Mirna Loy en una interpretación sublime tanto en la faceta de esposa cómplice y resignada y de madre confidente. Una temática real, cruda y difícil pero planteada desde ópticas optimistas de quien cree en la capacidad de un pueblo para superarse a sí mismo en los momentos críticos de su historia. Un drama de supervivencia pura y dura pero apuntalada desde las sonrisas de la esperanza. Un guión, donde no sólo se vive el drama físico y social de los excombatientes sino donde se intuyen igualmente las crisis personales, familiares, económicas y sobre todo morales de los que se quedaron... Estamos ante una de las mejores película de la historia del cine. Una reflexión sobre la vida misma bajo la mirada de unos soldados que regresan a sus  a sus vidas después de una guerra. La dirección de Wyler es del todo portentosa y las interpretaciones todas destacan, especialmente la de Myrna Loy y la de Fredric March. Se trata de una reflexión sobre esa difícil tarea de volver a recuperar lo que se había dejado, el volver al lugar donde habían sido felices, pero cuando regresan ven que la vida a continuado sin ellos, que nada es ya como ellos lo habían dejado, todo les resulta extraño, empieza entonces la ardua tarea de recuperar los mejore años de sus vidas. Este es el argumento fundamental del film. Una película destacable en todos sus aspectos, en la que no sobra nada y que siempre consigue conmover aunque pase el tiempo...Para alguien que ama el cine como yo, el visionado de este film es obligado. Todo en el alcanza unas cotas de perfección únicas. A la elegante dirección de William Wyler en estado de gracia, se une un elenco insuperable de actores; por no hablar de la banda sonora que alcanza cotas líricas inimaginables y que la hizo, como no podía ser de otro modo, merecedora del oscar. Sólo por esta hermosa película, William Wyler, a quien se le ha reprochado injustamente no tener un estilo propio, merece estar entre los mejores directores de la historia. Sin duda alguna, uno de los Films de cabecera para cualquier cinéfilo que se precie y un feliz descubrimiento para quien no la haya visto.

Wyler satisfacía aquel íntimo deseo de los cinéfilos que ya estaban deslumbrados en la primera mitad del siglo veinte con las maravillas que el cine podía ofrecer. Era el deseo de degustar superproducciones de larga duración en la sala de cine y transportarse a otras vidas, otros problemas, otros sueños y alegrías, vidas, problemas, sueños que frecuentemente tenían mucho en común con los espectadores. Justo al término de la Segunda Guerra Mundial y coincidiendo con el retorno a casa de miles de veteranos del ejército, la idea de trasladar al cine la novela “Glory For Me” de MacKinley Kantor era idónea.
Porque una vez acabada la guerra, ¿qué era de todos aquellos soldados y oficiales licenciados? ¿Cómo era su readaptación a la rutina normal en la que ya no había que dejarse la piel en combate?. Y no era demasiado alentadora. Las recepciones de bienvenida de los héroes eran como abrir una botella de gaseosa. Mucho ruido, burbujeo y estallido eufórico que apenas duraba lo que el tapón de la gaseosa en caer al suelo. No por parte de sus familias y personas queridas, que aguardaban a sus maridos, hijos, novios, hermanos, padres y amigos con toda la ilusión de saber la suerte que tenían de poder verlos volver...otras familias no tenían esa suerte. A nivel nacional, la aclamación de “héroes” sonaba a falso. Sólo los que amaban a esos hombres conocían el significado de esa palabra. Y sonaba mal porque tras las palmadas amistosas, el estrechar de manos y los cumplidos, crepitaban algunas suspicacias. “Ahora vuelven todos éstos como una plaga, a robar empleos y vivir del cuento. A conseguir trabajo fácil gracias a sus uniformes y sus condecoraciones.” Casi se podían oír los engranajes recelosos.
Fuese más o menos fundada dicha suspicacia, y dejando ya atrás los horrores y divisiones provocados por la guerra, lo cierto es que Estados Unidos, atravesó por la etapa de acoger a la generación de veteranos que había visto la muerte de cerca. Muy afortunados eran los que estaban enteros, y a salvo. Porque muchos no podían decir lo propio. En cierto sentido, todos tenían mutilaciones, bien físicas, psíquicas, o ambas. Ahora estaban de vuelta y tenían casi tanto miedo como cuando se lanzaban a batallar. ¿Qué iban a encontrar? ¿Estaría todo cambiado? ¿Podrían acomodarse de nuevo a sus familias y amigos tras años de ausencia? ¿En qué trabajarían?... La guerra no deja héroes, no deja vencedores. Todos son perdedores. Todos se han dejado trozos de sí mismos en alguna parte hostil. Tras la tremenda fortuna de seguir vivos, viene la gesta de recomponerse, reubicarse y sentirse otra vez seres humanos. Un largo camino por recorrer. Wyler sangró aquel dolor de la incertidumbre, el miedo y el renacimiento del superviviente maltrecho de espíritu y cuerpo, y lo hizo con tanta maestría que las dos horas y tres cuartos de metraje pasaban como un soplo de viento.
 

 


Obra absolutamente magistral, grande en todos los sentidos. No hay mejor manera de constatar que el cine es un arte capaz de crear sensaciones nunca antes experimentadas que hacerlo viendo esta joya de William Wyler. La película es de una perfección formal tremenda. Una estructura narrativa inmejorablemente ensamblada, en la que las historias se fragmentan y se fusionan entre sí con una ligereza asombrosa, eso permite que la película fluya ante el espectador como si hubiese sido creada en una sola pieza. El talento que demuestra Wyler a la hora de poner a caminar su historia, nos habla de su categoría como director. Son innumerables los detalles magistrales, como la escena del desayuno, con la elipsis en la que se muestra de manera genial como March finalmente no ha desayunado en la cama, o la simbólica escena inicial en la que Harold Russell aparece hablando de su mutilación con su tío sentado al piano mientras esté toca mostrando unas manos perfectas, o ese plano prodigioso en el que Andrews y March aparecen sentados frente a frente como dispuestos a comenzar el combate a la vez que charlan sobre Teresa Wright. También se puede apreciar el talento residual de su etapa muda en escenas como la de la llegada de March a casa con una profundidad de campo propia de Ford o Wells, o la escena en la que también aparece March deambulando por la habitación después de una borrachera o la escena de Andrews mostrando un perfume a una clienta... Todo esto hace que LOS MEJORES AÑOS DE NUESTRA VIDA, sea una obra maestra indiscutible.

Para mi lo más importante de la película es como Wyler consigue transmitir al espectador un abanico inagotable de sensaciones a través de una historia que comienza con el que podría haber sido el final más o menos feliz sobre la Segunda Guerra Mundial, transformándolo en el comienzo de una historia de readaptación, en cierta manera iniciática y en absoluto fácil para ninguno de los tres protagonistas. La condición humana es puesta a prueba a través del vacío creado por la distancia en el tiempo de unos recuerdos que se han desvanecido y que han dado paso a una realidad muy diferente de la que dejaron tiempo atrás. La película es intensa y sensible... El sentido de la cinta es realizar un alegato a favor de los héroes de la guerra que regresan y no precisamente con laureles. La bienvenida no siempre es la esperada, sino que se les discrimina, se los ve inclusive mal porque muchos soldados que regresan buscan sus empleos, lo cual genera mucha demanda y poca oferta dentro del mercado laboral. Pero la película no se agota allí, sino que Wyler nos muestra el miedo de esas personas a reencontrarse con sus seres queridos; el temor a no poder readaptarse; la intranquilidad de no sentirse útiles dentro de la población económicamente activa; la evasión de las penas y los traumas a través de las fiestas y el alcohol; la autoestima por el suelo debido a las cicatrices físicas y psicológicas de una guerra que no se olvidará jamás y que vive en las pesadillas y en los recuerdos; los sentimientos y la interrelación social afectadas por los traumas del pasado que no permiten readaptarse a la vida normal. En fin, una película cruda, a ratos romántica, que en determinados pasajes nos exhibe en forma emocionante la gran diferencia entre el amor verdadero y el interesado… una cinta sobre héroes de guerra que se cuestionan por quiénes batallaron y con qué sentido, ya que el reconocimiento no llegará nunca en la medida de lo que ellos brindaron por la causa.

 

El director vuelve a estar magistral en la creación de sus personajes, dotándoles de una enorme profundidad sicológica. Y vuelve a dirigir con esmero a unos actores excelentes que encarnan a la perfección ese tipo de personajes complejos. Es difícil destacar a algunos y olvidar a otros. Tal vez los que consiguieron los diversos Oscar eclipsan el trabajo de los demás, que en esta ocasión comparten el mismo punto de excelencia. Los aspectos técnicos de la película están, como de costumbre, resueltos con una brillantez y un oficio extraordinarios. A Wyler se le ha llamado el rey del “plano secuencia”, una técnica de filmación que lleva implícita una perfección minuciosa en la utilización de la cámara, y que, a la vez, incrementa la responsabilidad de la calidad interpretativa de los actores. Ambos aspectos son aquí sobresalientes. Los textos son de una inteligencia y una sensibilidad exquisita. Todo sutileza, y hay una huída evidente tanto de cualquier tipo de triunfalismo patriótico, como de una derrotismo paralizante. La película se sitúa en el punto medio de la reflexión rigurosa sobre los comportamientos humanos a la luz de las conmociones sociales que los provocan. No hay nada gratuito ni demagógico. No sobra ni falta nada.... !!Sencillamente extraordinaria!!. Después de una guerra, qué más puede desear un hombre que reencontrarse con la paz. Después de haber matado y de haber sembrado llanto, dolor y soledad en muchas familias, qué otra cosa puede quererse que el olvido eterno en un remanso de amor. Después de padecer el miedo, el sufrimiento y el horror de los campos de batalla, cuánto se sueña con el reencuentro familiar y con poder dormir en la propia cama. El capitán Fred Derry, el sargento Al Stephenson y el marino Homer Parrish, se encuentran de regreso cuando ha terminado la guerra física, y ahora han de hacer otro ingente esfuerzo emocional, para adaptarse a los cambios que, inevitablemente, les esperan. Fred vivía en las nubes soñando con su bella esposa Marie y ahora se encuentra con una mujer que se decepciona al verlo sin el traje que le daba altura y sin el salario que como aviador recibía. Para Al, las cosas están más puestas en tierra pues, su esposa Milly, aún sigue amándolo, pero se le antoja difícil ver a sus dos hijos ya crecidos y pensando de manera autocrítica... y ahora resulta que, Peggy, se ha visto atraída por el capitán Derry. Y para Homer, las cosas son oscuras como en el fondo del mar, pues ha perdido ambas manos. Por esto, se resiste a llegar a casa y tener que darle la cara a su bella novia Wilma. Con estos personajes, una muy bella historia bordada de sentimientos felices y de sufrimiento; pintada con los colores de la impotencia y la perseverancia; y vestida de encanto y calidez humana, permitiéndonos gozar y emocionarnos con cosas como la solidaridad, el respeto, la bondad, ante el encuentro del amor y la amistad. La fuerza interior trasciende cualquier cosa que se ponga ante nuestros ojos. La grandeza de este filme consiste en que se siente muy, muy adentro. Merecidísimos todos los premios recibidos y en especial el reconocimiento a Harold Russell pues, con su valerosa interpretación, sirve de estímulo a todos los discapacitados del mundo.

Una frase de Milly antológica:

“¿Crees que nunca tuvimos problemas? ¿Cuántas veces te he dicho que te odiaba y estaba convencida de ello? ¿Cuántas veces me has dicho que estabas harto de mi y que todo había acabado entre nosotros? ¿Cuántas veces tuvimos que enamorarnos de nuevo desde el comienzo?”

 

El tiempo del ciclo de la vida del ser humano parece no tener importancia aquí. Como cuando vemos la poca diferencia entre las edades de Myrna Loy y Teresa Wright. Y la edad un tanto avanzada para el papel de Dana Andrews. Después de ver esta película, me vienen a la mente las palabras de mi amigo Brando, cuando ya había finalizado su participación en el rodaje de Apocalipsis Now, Quien me dijo:

“El aroma a muerte de una guerra, es un olor que te sigue el resto de tu vida. Y en ocasiones ese hedor putrefacto se cuela por tu nariz con más fuerza hasta tu cerebro, como un ente espectral que te permite mal vivir”

También me dijo Brando:

-"Esta película estuvo hecha en el momento oportuno y necesaria como homenaje a los que sufrieron las duras consecuencias de la guerra tanto en la batalla como en la memoria"-

 

 

 

No cabe duda que es una película comercial para su época al igual que otras del maestro Wyler, pero figurará siempre entre las mejores del director. Al margen de la línea redonda y notable del guión y su historia, lo que en mi opinión diferencia las obras de Wyler de las de otros es su capacidad para entre caramelos y rosas colar con astucia delicadas perlas. Estamos ante uno de los mejores maestros en el manejo de los intangibles, y eso en 170 minutos da para mucho. Tras visionar las casi tres horas bien llevadas de este irrepetible film, cualquiera tendrá deseos de intentar ser mejor persona. Sin escenas impresionantes de acción, sin efectos especiales, y en general sin ninguna grandilocuencia, esta película consigue lo que toda buena película debe conseguir: hacerte vivir el cine. Un guión sencillo pero contundente, una dirección brillante e intuitiva y un montaje perfecto y dinámico, nos permite seguir con facilidad y sumo interés las historias entrelazadas de tres soldados. Los personajes perfectamente analizados y desarrollados, llenos de verdad y sentimiento, consiguen que te encariñes con ellos, rías con ellos, y llores con ellos como pocas veces lo harás en otra película. Sus diálogos, sin especial sofisticación o ingenio y con palabras sencillas y transparentes, nos dejan oír la vida. Un uso de cámara, iluminación y composición magistrales y tremendamente personales, potencian aun mas los sentimientos y sensaciones de los personajes, haciéndonos vivir aun más intensamente lo que vemos en pantalla. Wyler es uno de los directores más infravalorados de Hollywood, se la llama "un buen director", "un buen artesano", pero esta película y muchas otras de él, están muy por encima de lo que sería sólo una buena película y demuestra que cuando Wyler se ponía podía estar a la altura de los mas grandes, porque él lo era y lo fué siempre. Es un film sobrio, directo, sin florituras innecesarias, donde todo lo que pasa tiene una explicación clara. Yo particularmente la tengo en muy alta estima y la recomiendo a todo el mundo que no tenga prejuicios hacia el blanco y negro y al cine clásico. Si ustedes son de los que gustan de tiros, explosiones y grandes persecuciones, no la vean. Si son de los aman el buen cine por encima de modas e imágenes espectaculares, mírenla, les aseguro que nunca podrán olvidarla.

 

Es difícil explicar cómo es posible que una película en la que aparece un actor sin manos no acaba cayendo en el sentimentalismo. William Wyler,  era un profesional que ya en 1946 era uno de los grandes nombres del cine. "Los mejores años de nuestra vida" está considerada como una de las mejores películas de Wyler por muchos motivos, principalmente porque en su época fué el primero en plantear los diferentes problemas a los que se enfrentaron los veteranos de guerra. De hecho no esperó nada, para ese año aún quedaban por Europa y por el resto del planeta una enorme cantidad de soldados esperando llegar a embarcar rumbo a casa. La he visto varias veces. Y, aunque en ciertos pasajes se puede notar su extensa duración, no desmerece su lugar bien ganado dentro de las obras maestras del cine clásico, sobre todo por la conducción del "director sin sello", como hacían alusión al gran William Wyler. De pronto, pude dar la impresión de ser un tema muy "norteamericano" por aquello de la consabida semblanza que hace el director a las fuerzas militares de Estados Unidos. Sin embargo, creo que es solo la excusa para mostrar a una sociedad todavía timorata que intenta introducirse  en la vida cotidiana para alcanzar el sueño del progreso y los valores familiares. Con ello, se destaca por ejemplo una siempre convincente actriz Myrna Loy como ancla del hombre cabeza de hogar, su esposo, Fredric March, que llega desubicado a la familia que ya habían formado y que por ende, no se había detenido en el tiempo. Sin duda, Wyler da una enorme clase de sobriedad y las casi tres horas al final se agradecen por el viaje emocional a la que nos conduce. ¿Qué es lo que hace que una película pase sin pena ni gloria y otra quede prendida en la retina del espectador por toda su vida?. Personalmente no lo sé. Podría decirse que una buena película es el resultado de un buen guión, un buen elenco de actores, una fotografía esmerada. una banda sonora impecable, una historia interesante....y sin embargo muchas películas con estos elementos no han podido sobrevivir al paso del tiempo. No es el caso de "Los mejores años de nuestra vida". Por algún extraño designio, a pesar de haber transcurrido casi 70 años, permanece fresca, lúcida, impactante de principio a fin. En aquella época aún no existía un término que ahora está de moda: la "resiliencia". Y es que este film es uno de los más fieles retratos de la capacidad de los seres humanos para sobreponerse a las adversidades, para volver a adaptarse al presente, para encarar la vida con alegría y entusiasmo a pesar de haber sufrido situaciones traumáticas. Poquísimas películas abordan en una sola tantos temas de una manera tán sutil como real: los problemas de desadaptación de los regresados, la readaptación laboral, los amores intergeneracionales, la infidelidad, el apoyo a los emprendedores, la compasión... Si Wyler logra un film redondo y perfecto no es solo por la historia y por los protagonistas. La banda sonora de Hugo Friedhofer es también una de las mejores de toda la historia del cine, con pasajes que recuerdan a George Gershwin y que dan solidez a todos y cada uno de los fotogramas. En definitiva, una película soberbia, con interpretaciones magistrales que han permitido mantener a todos y cada uno de sus actores y actrices en el recuerdo. Y es que el recuerdo es la mejor forma de mantener vivo a alguien.

 

 

Sólo un genio es capaz de hacer un film como este:

William Wyler.

 

La fotografía, es sugerente y sensacional, por ser bella, con imágenes confortantes y encantadoras, maravillosas y lumínicas, aún siendo en blanco y negro. El guión, es intachable y cercano, por ser y emotivo, realista y verosímil. Argumentado de modo extraordinario y portentoso, tiene toques pesimistas y desesperanzados debido a la dificultad de los soldados y es excepcional en su adaptación al cine. El montaje final es lineal, anímico y psicológico, del cual, no sobra ni un minuto de sus 3 horas de duración. Y para concluir, cabe resaltar los planos y movimientos de cámara sobrios y elegantes, elaborados con seriedad y acierto, sin florituras. Por lo que, en definitiva, yo la considero una obra maestra del maestro William Wyler y muy recomendable, no solo para cualquier cinéfilo de cine clásico, sino para todos en general, por estar llena de esperanza y ánimos de vida.

 

 

Enorme película, que sería mas que excelente y eterna si no estuviera infectada con latigazos de imperdonable machismo inexcusable en este siglo.